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Por un mundo mejor – CEO’s: ¿dónde estáis?

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Por un mundo mejor – CEO’s: ¿dónde estáis?

El mundo está patas arriba. Crisis total, perdemos dinero, ERES, las bolsas se desploman, paro y más paro, corrupción, espabilados, y un largo etcétera…

Y yo me pregunto, ¿puedo hacer algo? ¿Como persona? ¿Como empresario? ¿Como directivo? Me gustaría empezar por hacer autocrítica. Si no identifico donde está la causa a esta situación difícilmente daré con la solución, si es que la hay… Y mi opinión aquí es clara y taxativa: esto no funciona. El ecosistema empresa-empleados-clientes-proveedores-sociedad-… falla por algún sitio. Bueno, yo me atrevería a decir que hace aguas por todos lados. Y eso lleva, no sólo a la situación económica actual del mundo y muchas de las empresas que existen, sino como consecuencia también a la incertidumbre, miedo, parálisis, inmovilismo, pero también al aburrimiento, desmotivación, brazos caídos, tedio, cenizos en muchas conversaciones,… total, y resumiendo, un entorno descorazonador y unos actores en el mismo absolutamente abatidos.

Es cierto que hemos hecho algunas cosas buenas. De hecho hemos hecho algunas cosas muy buenas. Pero a todas luces no son suficientes. O al menos, si lo han sido, ya no. A los hechos me remito.

Claro, por fortuna esto no es lo que pasa en todos sitios, pero sí en muchos, y así nos va…como país y como planeta. Y de nuevo me pregunto: ¿esto por qué está sucediendo? Bueno, tal como yo lo veo e intentando bajarlo al mundo de la empresa, yo creo que la mayoría de las personas que trabajan en ella tienen una total falta de perspectiva (no saben para qué trabajan, e incluso, en ocasiones, no saben para quién trabajan), y peor aún, una total falta de valores por los que trabajar. O dicho de otra forma, no tienen ni idea de a qué contribuyen y en el caso de que sí, no saben cómo contribuyen y en base a qué han de tomar decisiones.

Ah! Ahora sí puedo contestar a la pregunta: ¿Y yo qué puedo hacer? Y entiendo este ‘yo’ como un directivo con capacidad de decisión y acción de gobierno. Empezando por mí, claro. Si yo cambio y animo a cambiar a mi entorno y espero que todos hagamos lo mismo, entiendo que entre todos contribuimos a cambiar la sociedad empresarial, esto es, una buena parte de la sociedad, y por tanto ponemos nuestro granito de arena por un mundo mejor.

Lo primero que tengo que hacer es hacer un llamamiento al Cambio profundo, a la Transformación de la empresa sobre la que tengo capacidad de acción. Tengo que definir cuál es el objetivo aspiracional de la empresa, esto es, para qué existe, en qué impacta, a quien quiere servir. Luego tengo que definir donde quiero estar de aquí a un tiempo, digamos dos años, y luego tendré que hacer mi estrategia. Y aquí hago la primera diferenciación. Y voy a ir ya al colectivo que tiene más capacidad de cambio: los Directores Generales. Hay DG’s que piensan que una empresa está aquí para ganar dinero, y los hay (por desgracia pocos) que piensan que una empresa ha de ganar dinero para estar aquí el año que viene. O sea incorporan el término sostenibilidad.

Y si consideramos la sostenibilidad de una empresa, difícilmente podemos hacerlo sin que en el ecosistema de ‘a quien queremos servir’ no aparezca la palabra Empleado.

Aquí es donde me quiero centrar. El Driver de cualquier transformación no puede ser el dinero, ni el negocio, ni nada de esto. El Driver ha de ser el Talento. Y adecuadamente gestionado, el Talento nos trae todo lo demás.

La gestión del Talento implica, como he dicho antes, tenerlo en cuenta desde que realizo la estrategia de donde voy a querer estar en un tiempo. Esto va a impactar no sólo en las acciones que realice, sino en quien las va a realizar, qué estructura organizativa voy a necesitar, y por supuesto, qué tipo de valores voy a pedir a mis directivos, mandos intermedios y resto de empleados en la toma de decisiones en su día a día.

Y para ello hay que tomar decisiones valientes, nadie ha dicho que fuera fácil. Hay que tener paciencia, mucha paciencia, esto es una carrera de fondo, no un sprint. Y curiosamente se da una paradoja, hay que saber compaginar y balancear el sentido de urgencia con el tiempo necesario para impactar en la cultura de la Compañía.

Hay que comunicar mucho y muy bien, dando mensajes consistentes pero sobre todo siendo muy coherentes. No podemos comunicar una cosa y practicar otra. Algo que pasa tan a menudo…por tanto hay que ser íntegro, honrado y consecuente.

Hay que conseguir que cada Empleado sepa como contribuye a ese ‘servir’ al ecosistema, con todas sus partes implicadas. Que sepa para qué está aquí, que se sienta comprometido con ese objetivo aspiracional de la Compañía y por extensión con el de corto plazo también. Que entienda cuál es su trocito de tarta en este juego. Que entienda, en definitiva, qué espera la Compañía de él y con qué cuenta.

Y para ello hay que desarrollar a todo el mundo. Desarrollarlo entorno a unos valores determinados, definidos y conocidos públicamente. Y por favor, hay que desarrollar en base a mejorar la inteligencia emocional en la empresa, tan necesaria y tan ausente. Y como digo, a todos. Empezando por nosotros mismos.

Hay que desarrollar en particular a los llamados líderes, directores, managers, jefes, el nombre que queramos darles… Hay que conseguir un liderazgo emocional tan ausente en nuestras organizaciones militares y exentas de valores relacionales que antepongan el respeto al resultado económico.

Hay que premiar por filosofía, no sólo por acción y resultado. Pero ante todo hay que reconocer, y reconocer públicamente si es necesario. Pero reconocer.

Hay que diferenciar a los mejores de los buenos –y obrar en consecuencia, con lo que todo ello supone-. Los buenos hacen las cosas bien. Los mejores hacen mejores a los buenos. Eso se llama Talento del bueno. Y hay que cuidarlo.

Hay que hacer tantas cosas tan diferentes que necesitaría un libro para explicarlo. Y no descarto escribirlo…

Muchas Compañías hacen muchos esfuerzos aislados, muy loables, pero insuficientes. Está muy de moda contratar un coaching para esta persona, un outdoor para aquélla división, o un curso en comunicación para los mandos intermedios (los directivos no tienen que asistir, éstos ya comunican bien…/…-). Y son insuficientes porqué sin un todo que los envuelva y les dé sentido, no nos llevan a demasiados sitios. Sin unos sponsors, mariscales de campo y soldados dedicados permanentemente, igual ganamos alguna batallita. Pero de la guerra ya nos podemos olvidar.

En fin, se ha escrito mucho sobre Cambio y Talent Management. Hay muchos gurús sobre ello. Pero muy pocas personas saben hacer que las cosas pasen en las empresas. Y menos aún consiguen que esas cosas perduren en el tiempo. Y esto es principalmente por que muy pocas lo han hecho antes. Yo he tenido la suerte de haberlo podido hacer, y haberlo hecho con éxito. Y por eso estoy en deuda con algunas personas que me han esponsorizado, ayudado y empujado a hacerlo.

Es por ello que me he comprometido a contribuir a mejorar un poco este mundo. Y en ello estoy.

Pero sólo puedo hacer poquito. Os necesito a todos vosotros, Directores Generales. A vosotros y al Talento del que disponéis en vuestras empresas.

No me falléis.

Sergi García-Preckler

Managing Partner

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